Por Ezequiel Arauz, Grupo Walsh - La película neoliberal ya empezó. El
asunto es como se paran frente a ella y que provocan con sus acciones,
los sectores populares y las organizaciones y dirigentes que los
representan. Las medidas ya concretadas respecto del dólar, de
la especulación financiera, de las retenciones a las exportaciones, y
otras varias que se rumorean, todas ellas profundamente antipopulares,
marcan que aquello que se denunciaba como “campaña de miedo” no sólo ha
de concretarse sino que puede verse superado por la gestión de Macri.
Gobiernan directamente los grupos concentrados del agro, los buitres de
la timba financiera y las cúpulas empresarias locales e
internacionales, todos ellos cobijados y sintetizados por ese pulpo
llamado mediático económico llamado Grupo Clarín.
La
transferencia desde los bolsillos de los trabajadores y empresarios PYME
hacia las cúpulas monopólicas ya es palpable. A sabiendas del cambio,
Techint avanzó rápidamente con los despidos y el gobierno estudia un
protocolo para “ordenar” la protesta social, asesorado por los
organismos internaciones de seguridad a los que responde.
Así
presentadas las cosas, y con la memoria de la última etapa neoliberal
todavía fresca, los militantes y dirigentes de las organizaciones
populares, sobre todo de aquellas que construyeron la larga etapa de
resistencias que precedieron y desembocaron en el estallido de diciembre
de 2001, permanece intacta la receta: armar grandes frentes de lucha
para enfrentar, desde posiciones de disputa por el ingreso y los
derechos laborales y sociales, y luego negociar con la gestión macrista
en posición de mayor fuerza.
Por otro lado, la campaña desde la
primera vuelta y de cara al balotaje, dio vida a una serie de
iniciativas de autoconvocados, en general vertebrados bajo el nombre
“Resistiendo con Aguante” (por el del grupo de Facebook que los agrupa).
En la campaña, estos espacios aportaron una vitalidad innegable y
fueron una de las razones por las cuales pudo profundizarse la disputa
discursiva entre el FPV y la Alianza Cambiemos, mostrando de manera
mayoritaria que cuestiones se ponían en juego en ese proceso
eleccionario. La ausencia de un modelo organizativo “clásico” favoreció a
que estas experiencias asumieran un rol dinamizador innegable.
Sin embargo, desde los discursos que emanan e intentan darle continuidad
a estas “autonvocatorias” se desliza un desdén por las orgánica
política, incluso por el conjunto de las organizaciones populares
kirchneristas, todas ellas perfectibles claro, pero sin las cuales, el
proceso que se mantuvo en el poder durante doce años seria impensable.
Ambas expresiones, la de las “resistencias” de los `90 y la de los
autoconvocados caen, tal vez a su pesar, en un error que puede
perjudicarnos como espacio: negar o relativizar parcialmente el proceso
de doce años de gobierno popular kirchnerista en todos sus aspectos
constitutivos y en sus profundos logros.
La histórica plaza del
9 de diciembre fue una plaza a la que solo el kirchnerismo puede
convocar. No hay otro dirigente, que no sea Cristina Kirchner que pueda
aglutinar esa masa movilizada y consciente. Es un hecho. Claro está, no
alcanza con una plaza llena y un dirigente, pero lo que ocurrió el
último día de mandato es un hecho que no puede dejarse a un costado
porque fue una mayoría muy importante la que lo provocó, así como que la
identidad kirchnerista es mayoritaria en la Argentina, si entendemos a
la identidad política como algo más que la cantidad de votos obtenidos
por un espacio y otro.
Desde esa definición, es que sostenemos
que la respuesta al macrismo en esta etapa que se abre, debe ser
eminentemente política. Y esto no significa negar que habrá necesarias y
saludables luchas sociales, duras en muchos casos, con respuestas
represivas esperables. Pero, descreemos de iniciar el camino de la
“resistencias” (nombre que se utiliza con cierto apuro) de los que
imaginan la vuelta del piquete sin más. Ese proceso, al que se
magnifica, llevó años construirlo. No casualmente, quienes con mayor
énfasis sostienen estas teorías, coinciden con quienes llamaban a votar
en blanco en el balotaje, sosteniendo que todo es lo mismo.
Se
trata de determinar a qué vía se le pone más énfasis: si a la
resistencia en unidad amplia (incluso con aquellos que hicieron mucha
fuerza y en la calle, para que Macri gobernara) o si, (re)construimos
fuerza nacional y popular en los marcos del kirchnerismo. La victoria
del macrismo, que le sirve nada más y nada menos que para gobernar el
país, la provincia y nuestro distrito, Quilmes, no fue amplia. Hay una
identidad popular que ha ampliado su nivel de incidencia y en la medida
que se siga avanzando contra los intereses del pueblo, el kirchnerismo
se revitalizará. Ponerle freno a quienes buscan volver al PJ previo al
2003, el PJ de Duhalde, De la Sota, Massa y Urtubey es otro desafío.
Mientras tanto, hay dirigentes de peso a nivel nacional (Axel Kicillof;
Jorge Capitanich son ejemplos nítidos, pero hay otros) que están
llevando al terreno, aquello que Cristina propuso: volcar nuestra
militancia a los barrios, al debate con los vecinos. De eso se trata.
Están abriendo el camino. De construir las ideas, de debatirlas, de
trabajar, de darle cuerpo a las propuestas nuevas que devolverán al
proyecto al poder del Estado. De ese proceso, también, surgirán los
dirigentes del recambio, aquellos que, se coincide, el proyecto
necesita.

No hay comentarios:
Publicar un comentario