Endeudar al país, beneficiar a unos pocos, desaparecer símbolos y
expulsar a todo lo que tenga que ver con el kirchnerismo, alimentar a la
derecha del PJ para generar división en el peronismo. El plan del nuevo
gobierno que esconde bajo el nombre de “equipo” la instalación de un
presidente testimonial, manejado por los poderes fácticos.
En los
primeros días de gestión desde los medios que integran el bloque
gobernante, se insiste en describir al gobierno de Mauricio Macri como
uno de derecha pero “inteligente”, “moderna” y “popular”. Se trata de
adjetivos escondedores a la hora de explicar la naturaleza profunda del
gobierno al que nos estamos enfrentando.
La modernidad,
supuestamente, estaría dada porque se trata de una derecha popular tal
cual explico ayer el analista Eduardo Fidanza en el diario La Nación.
Una derecha que viene nada más que a “emprolijar” los desbordes del
populismo kirchnerista.
Sin embargo y más allá de si se aplican
recetas de “shock” o gradualidad en el corto plazo – cuestión que parece
ser el debate que atraviesa a la fuerza gobernante - mirando el
gabinete de Macri las dudas respecto del futuro cercano se reducen.
El meneado “equipo” está conformado en su totalidad por los principales
gerentes (CEO) de compañías multinacionales, dominantes en sus rubros y
la cúpula empresarial local (mediática, agroexportadora, financiera, de
estrecha tradición castrense y genocida). Es un gabinete con las
corporaciones adentro, que inequívocamente irá por reformas de fondo en
busca de maximizar rentabilidades.
Cambiemos delega la
gestión concreta en las cúpulas empresarias y la embajada y se ocupa
centralmente de construir la imagen y el discurso del “cambio”, tal como
lo hizo de forma exitosa durante la campaña. La apelación a términos
positivos, ajenos a la disputa política y faltos de contenido (unidad,
dialogo, desarrollo), los bailes, la “buena onda”, las sonrisas
constantes, la actitud de estudiantina; las figuras mediáticas, etc.
contrastan fuertemente con la política exterior y a las prioridades
empresariales con que se comienza a gobernar, claro que sobre estas,
poco se dice en los medios.
En pocas horas, vemos que el gobierno:
- otorgó un rol clave, como es el área de medios, a una figura hija del
lobby militar como Oscar “el milico” Aguad, quien inmediatamente sale a
voltear la ley de medios, el AFSCA, y todo los que exija el grupo
Clarín. La presencia del dirigente cordobés en el gabinete materializa
un cada vez más vigoroso clima de “reconciliación” con los militares
genocidas, que busca frenar el ejemplar proceso de Memoria, Verdad y
Justicia, sobre todo, extender ese de velo de impunidad sobre las
responsabilidades directas de sectores empresarios en delitos de lesa
humanidad cometidos a partir del golpe del `76.
- pone en
manos nada menos que del gerente de Shell la soberanía energética y que
apela a los peores cuadros de la maldita policía de Duhalde, figura
reivindicada junto a Fernando de la Rúa, en nombre de la unidad
dominante y el dialogo, como parte de un supuesto cambio de estilo muy
resaltado mediáticamente. Tal relegitimación incluye en el paquete a los
asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki; los más de treinta
muertos de diciembre de 2001 y la represión a las Madres de Plaza de
Mayo. La “gala de la impunidad” en la primera noche del Colón, se
completó con el propio Héctor Magnetto recibiendo al presidente de la
Nación.
- en la provincia y con Vidal al frente, eligió a un
hombre que le sugirió la DEA norteamericana, involucrado con la masacre
de Ramallo. Cambiemos hace suya una “guerra contra el narcotráfico” que
no registra resultados positivos en ningún sitio, pero que siempre
sirve para ampliar la capacidad represiva del Estado y sobre todo, abre
una puerta a la instalación de bases del ejército de EEUU en nuestro
país.
- en Nación, designó en seguridad a Patricia Bullrich,
cuyos vínculos con los organismos de inteligencia de la derecha
norteamericana son estrechos y su participación en la muerte de Alberto
Nisman nunca del todo aclarada. La piba del recorte del 13% a los
jubilados en los ´90, designó a Carlos Manfroni, hombre de estrecho
vínculo con la embajada norteamericana y de públicas reivindicaciones de
la dictadura militar y los valores de un conservadurismo ultramontano.
- similar caracterización cabe para la nueva canciller Susana
Malcorra, aterrizada por la embajada de EEUU en el gobierno y a la que
desde Venezuela reconocen abiertamente como agente de la CIA. La
funcionaria impulsa la neutralización de la alianza regional,
trabajosamente construida en estos doce años y en su primer discurso
público apeló a la defensa del imperialista ALCA como proyecto
estratégico.
- la gestión se apoya fuertemente en la casta
elitista del poder judicial convertido en partido, a la que expresa y
responde. A esa estructura apela como herramienta política para
retrotraer las mejores medidas impulsadas por el kirchnerismo. En ese
camino se inscribe la avanzada contra la procuradora Gils Carbó.
- el grupo Clarín, uno de los principales actores del gran negociado
neoliberal de las AFJP, impone a Luis Blaquier (Ledesma) como director
de ANSES.
- vocero de los grupos económicos, el macrismo ha
instalado y naturalizado la necesidad de una fuerte devaluación y ajuste
como única vía de reactivación. "Sinceramiento" lo llama y como tal, no
se debate públicamente. Sin embargo, al inicio del gobierno de Néstor
Kirchner, las reservas estaban apenas arriba de los 14.000 millones de
dólares y hoy, superan los 25.000 millones. En términos de
endeudamiento, cuando el santacruceño asumió en 2003 ascendía al 153,6%
del PBI y hoy, habiendo cerrado el acuerdo con el Club de Paris, es uno
de los más bajos de la historia llegando al 42,8%. Kirchner tomó la
decisión política de no ajustar y el actual gobierno opta por la
dirección contraria.
- la consigna “pobreza cero” no solo habla
de la escasa seriedad con que el gobierno asume el tema, sino que
esconde que las medidas económicas que se tomarán, elevaran ese índice.
- Cambiemos impulsa un programa económico que apunta a
abaratar salarios en dólares mediante devaluación, quita o baja de
retenciones para que el complejo sojero vacie los silos; el arreglo con
los Buitres vía Prat Gay, hombre de la JP Morgan en marzo; el
endeudamiento externo incluso para pagar salarios. De un gobierno que
buscará el cercenamiento de derechos para darle cumplimiento a esa
agenda.
El pueblo trabajador sufrirá las consecuencias. El
camino es organizarse para recuperar el manejo del Estado en cada nivel.
La militancia, debe volcarse a los lugares de trabajo y a los barrios,
tal como lo indicó Cristina Kirchner en la histórica Plaza de Mayo del
último día de su mandato, frente a una gran masa popular jamás antes
reunida a ese fin, que le reconoce un solo rol: la conducción política
continua en su poder.
No confundir unidad con colaboración, y a
la vez, no confundir identidad con sectarismos, será clave en la
próxima etapa. Reconstruir proyecto nacional y popular en el marco de
las luchas sociales que no tardarán en llegar e impulsar instrumentos
políticos nuevos, de los que nos sentimos expresión, el desafío que se
abre.

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