Los casi 1000 despidos de trabajadores municipales de Quilmes decididos por la gestión
de Cambiemos y el intendente Martiniano Molina, ponen de relieve otra faceta de
la ofensiva neoliberal que encarnan, con Mauricio Macri a la cabeza: el
achicamiento del Estado. Apenas iniciado su paso por el gobierno avanzan en tal
decisión repudiable, en nombre de una supuesta eficacia y ahorro presupuestario
que el jefe comunal olvida a la hora de aumentar al doble su propio salario.
Tal como se hizo en los ’90, no solo se trata de liberalizar
el mercado o ajustar el poder adquisitivo de los trabajadores en beneficio de
los sectores concentrados de la economía, sino que además se les garantiza un profundo
achicamiento del Estado, decisión que se replica de forma similar en otros
distritos de nuestra provincia.
Lo que se buscaba en aquel momento y también hoy es
consolidar un Estado testimonial, pequeño, sin capacidad de intervención sobre
la desigualdad que el mercado por sí
solo reproduce. Hoy como entonces, estas decisiones se sostienen en un discurso
que alimenta los valores más insolidarios de nuestra sociedad.De esta manera el
municipio contará con menos personal en el territorio, en los barrios. Es posible
que una vez cada tanto el intendente vaya a cortar el pasto. Pero con eso no
alcanza.
Desde el Grupo Walsh (FPV) nos solidarizamos con los
trabajadores despedidos y nos ponemos a su disposición.
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