viernes, 22 de enero de 2016

Cambiemos abre todas las batallas, todas juntas: busca desorganizarnos para llevarnos por delante



Aumentar las rentabilidades empresarias de la cúpula, sobre todo los sectores exportadores y la especulación financiera. Ese es el poco novedoso horizonte del conjunto de las políticas aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri que, irremediablemente, destruirán mercado interno creando desempleo hoy y elevando el nivel de pobreza en el corto lapso. Para aplicar ese programa cuenta con dos herramientas fundamentales: el partido judicial y todo el complejo mediático con Clarín a la cabeza. La destrucción del kirchnerismo, de sus políticas de doce años, de sus símbolos y principales referentes, apuntando en definitiva a la figura de la propia Cristina Kirchner es el objetivo de la etapa. Con espíritu innegablemente revanchista, Cambiemos  necesita generar allí donde gestiona un grado mayor de “crisis” y “caos” social – inexistente en esos términos hasta diciembre de 2015 – para justificar medidas cada vez más regresivas. Necesitan quebrar el bloque popular. Es por eso que la ofensiva no acaba en lo económico, sino que se complementa con una serie de provocaciones discursivas, estigmatizaciones, represión abierta y a esta altura, en la posibilidad abierta de detenciones a quienes encabecen la resistencia. 


La toma de deuda extranjera y la sumisión  a los mandatos del  FMI, patear los pagos hacia adelante, timbear retornos y habilitar la fuga, forma parte del menú conocido de la derecha en nuestro país. Como suele pasar, Cambiemos no explica para qué usara el dinero. La relegitimación de los reclamos buitres sobre Argentina, la quita de retenciones al agro y las exportaciones formaba parte de una agenda esperable, que sumado a la liberación del precio dólar y una devaluación del 40% resulta en una importantísima transferencia de recursos tomados de los bolsillos de los asalariados y llevados hacia la cúpula. Esa inflación golpea especialmente a la canasta alimenticia.


La fuerte tendencia a la liberalización de la economía y de importaciones castiga a las PYMES, y destruye puestos de trabajo, achica el mercado interno. El estado envía de movida un contundente mensaje hacia el sector privado de cara al ciclo de paritarias 2016: el despido masivo forma parte del menú a la hora de debatir ingreso. 

La estrategia de Cambiemos en estos primeros días consiste en dar todas las batallas contra los sectores populares juntas y lo hace estirando la legalidad o pasándole por encima directamente. No solo impulsa la “limpieza” masiva de trabajadores estatales y municipales, es la estigmatización del trabajador y de la militancia, de la pertenencia política al kirchnerismo o determinadas organizaciones, el desmonte y vaciamiento de políticas públicas emblemáticas en la ampliación de derechos e inclusión construida a partir de 2003. 

Es el hostigamiento, la persecución y hasta la detención de referentes del campo nacional y popular. El complejo mediático sembrando el discurso y la justicia, utilizada como herramienta política para ir por quienes se pongan en frente. Este dispositivo ascendente apunta al fin del recorrido a la destrucción de una sola figura política: Cristina Kirchner. Conductora indiscutible del espacio popular en la Argentina, tal y como lo mostró la plaza del 9 de diciembre en el último día de su mandato.

Ese entramado da sustento a los movimientos de figuras como Massa y Urtubey, quienes se presentan como opción “funcional” del PJ al proyecto neoliberal. Intentan reestructurar una opción de recambio dentro del mismo bloque de intereses concentrados. A caballo de giros discursivos que apuntan a una predisposición al “dialogo”, el “consenso” y la “oposición  racional”, estos dirigentes y sus posturas cumplen con la tarea de borrar de un plumazo el legado de doce años de gobierno  y son quienes con mayor énfasis justifican cada estocada contra los intereses populares, imponiendo en contrapartida una agenda de propuestas incluso más conservadoras que las del propio macrismo. Massa además suma funcionarios de su espacio al gobierno liberal y fue bendecido por Macri en ámbitos internacionales. Quieren aggiornar al peronismo a ser una variante conservadora.  

En lo regional, las opciones por la alianza del pacífico, que habilita vías mediatas de tratado de libre comercio con EEUU muestra, no ya una firme y esperable intención de desandar la integración trabajosamente construida a partir de figuras como Néstor Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa entre otros, sino también el altísimo grado de alineamiento con los intereses imperiales. Los desafíos futuros de integración para ganar en desarrollo autónomo son abandonados para correr detrás de una supuesta “apertura al mundo”, que no es otra cosa que la continuidad del proyecto ALCA por otras siglas. La presencia directa de los CEOs de varias multinacionales en el gabinete y la fuerte injerencia de los organismos internacionales de inteligencia en las políticas de seguridad y defensa locales - cuya frontera comienza peligrosamente a borrarse -  así lo demuestran. La supuesta “lucha contra el narcotráfico” es la zanahoria mediática por la cual el gobierno implementa cada una de las políticas que dicta la doctrina norteamericana en la materia.            

Macri y su gobierno encaran las grandes vías de la agenda conservadora a sabiendas de que su margen de maniobra no es necesariamente amplio. La distancia en las urnas fue escasa y el balotaje dejó partidos los consensos. La plaza del 9 de diciembre dejó al ánimo popular encendido. La suma de golpes busca quebrarnos, uno por uno. Por todo eso, la acumulación de poder es a velocidad. El avance en la prohibición de medios y voces disidentes con el caso de Víctor Hugo Morales como emblemático, el ataque frontal a la ley de medios, la ilegal detención de Milagro Sala en Jujuy abriendo con ella espacios a la criminalización de la protesta social, la represión a los municipales en La Plata y a los trabajadores de Cresta Roja. Las provocaciones contra las Madres, las Abuelas los organismos y las políticas de Memoria, Verdad y Justicia; la ofensiva contra Gils Carbó;  la apelación a la “grasa militante” entre otras operaciones jurídico mediáticas, tienen un claro objetivo político.

Cambiemos pega donde sabe que duele y acumula golpes porque tiene este tiempo a su favor. No podrá sostener este ritmo de ofensiva por siempre. Suma calculadas provocaciones discursivas a sus medidas concretas, para apurar los tiempos de la reacción popular y así hacerla así menos efectiva. Difunde versiones, avanza y retrocede con facilidad sobre algunas de sus decisiones para desorientar. Desprestigia a través del dispositivo jurídico mediático a su favor. Arroja cortinas de humo e instala en la agenda mediática superficial para disimular su violencia. Apunta al núcleo duro del kirchnerismo día a día. Nos quiere movilizados pero desorganizados. Nos quiere sin respuesta políticas contundentes, cediendo la iniciativa, dando inevitables contragolpes fragmentarios. Cambiemos, lo reconoce públicamente, no va a ahorrar ninguna respuesta represiva.   

Comienza entonces con mayor claridad, el tiempo de la organización y la conducción. De la dirigencia y de la militancia. De priorizar correctamente luchas estratégicas de luchas meramente resistentes, de amalgamar ambas instancias. De responder con mayor énfasis cuando es posible avanzar, ganarles. De fijar nuestros límites y no correr tras la agenda que nos imponen. De alentar la renovación dirigencial política, social y sindical en ese marco. De construir unidad priorizando siempre y sin excusas la reconstrucción de la potencia política que devuelva el proyecto a las riendas del Estado. Esos son los desafíos que de conjunto se nos abren.

Vamos a volver!      


GRUPO WALSH (FPV)
Quilmes

     
  
              
 
               

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