Aumentar las
rentabilidades empresarias de la cúpula, sobre todo los sectores exportadores y
la especulación financiera. Ese es el poco novedoso horizonte del conjunto de
las políticas aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri que,
irremediablemente, destruirán mercado interno creando desempleo hoy y elevando el
nivel de pobreza en el corto lapso. Para aplicar ese programa cuenta con dos
herramientas fundamentales: el partido judicial y todo el complejo mediático
con Clarín a la cabeza. La destrucción del kirchnerismo, de sus políticas de
doce años, de sus símbolos y principales referentes, apuntando en definitiva a
la figura de la propia Cristina Kirchner es el objetivo de la etapa. Con
espíritu innegablemente revanchista, Cambiemos
necesita generar allí donde gestiona un grado mayor de “crisis” y “caos”
social – inexistente en esos términos hasta diciembre de 2015 – para justificar
medidas cada vez más regresivas. Necesitan quebrar el bloque popular. Es por
eso que la ofensiva no acaba en lo económico, sino que se complementa con una
serie de provocaciones discursivas, estigmatizaciones, represión abierta y a
esta altura, en la posibilidad abierta de detenciones a quienes encabecen la
resistencia.
La toma de
deuda extranjera y la sumisión a los
mandatos del FMI, patear los pagos hacia
adelante, timbear retornos y habilitar la fuga, forma parte del menú conocido de
la derecha en nuestro país. Como suele pasar, Cambiemos no explica para qué
usara el dinero. La relegitimación de los reclamos buitres sobre Argentina, la
quita de retenciones al agro y las exportaciones formaba parte de una agenda
esperable, que sumado a la liberación del precio dólar y una devaluación del
40% resulta en una importantísima transferencia de recursos tomados de los
bolsillos de los asalariados y llevados hacia la cúpula. Esa inflación golpea
especialmente a la canasta alimenticia.
La fuerte
tendencia a la liberalización de la economía y de importaciones castiga a las
PYMES, y destruye puestos de trabajo, achica el mercado interno. El estado envía
de movida un contundente mensaje hacia el sector privado de cara al ciclo de
paritarias 2016: el despido masivo forma parte del menú a la hora de debatir
ingreso.
La estrategia
de Cambiemos en estos primeros días consiste en dar todas las batallas contra los
sectores populares juntas y lo hace estirando la legalidad o pasándole por
encima directamente. No solo impulsa la “limpieza” masiva de trabajadores
estatales y municipales, es la estigmatización del trabajador y de la
militancia, de la pertenencia política al kirchnerismo o determinadas
organizaciones, el desmonte y vaciamiento de políticas públicas emblemáticas en
la ampliación de derechos e inclusión construida a partir de 2003.
Es el
hostigamiento, la persecución y hasta la detención de referentes del campo
nacional y popular. El complejo mediático sembrando el discurso y la justicia,
utilizada como herramienta política para ir por quienes se pongan en frente.
Este dispositivo ascendente apunta al fin del recorrido a la destrucción de una
sola figura política: Cristina Kirchner. Conductora indiscutible del espacio
popular en la Argentina, tal y como lo mostró la plaza del 9 de diciembre en el
último día de su mandato.
Ese
entramado da sustento a los movimientos de figuras como Massa y Urtubey,
quienes se presentan como opción “funcional” del PJ al proyecto neoliberal.
Intentan reestructurar una opción de recambio dentro del mismo bloque de
intereses concentrados. A caballo de giros discursivos que apuntan a una
predisposición al “dialogo”, el “consenso” y la “oposición racional”, estos dirigentes y sus posturas
cumplen con la tarea de borrar de un plumazo el legado de doce años de
gobierno y son quienes con mayor énfasis
justifican cada estocada contra los intereses populares, imponiendo en
contrapartida una agenda de propuestas incluso más conservadoras que las del propio
macrismo. Massa además suma funcionarios de su espacio al gobierno liberal y fue
bendecido por Macri en ámbitos internacionales. Quieren aggiornar al peronismo
a ser una variante conservadora.
En lo
regional, las opciones por la alianza del pacífico, que habilita vías mediatas de
tratado de libre comercio con EEUU muestra, no ya una firme y esperable
intención de desandar la integración trabajosamente construida a partir de
figuras como Néstor Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa
entre otros, sino también el altísimo grado de alineamiento con los intereses
imperiales. Los desafíos futuros de integración para ganar en desarrollo
autónomo son abandonados para correr detrás de una supuesta “apertura al
mundo”, que no es otra cosa que la continuidad del proyecto ALCA por otras siglas.
La presencia directa de los CEOs de varias multinacionales en el gabinete y la
fuerte injerencia de los organismos internacionales de inteligencia en las
políticas de seguridad y defensa locales - cuya frontera comienza
peligrosamente a borrarse - así lo
demuestran. La supuesta “lucha contra el narcotráfico” es la zanahoria mediática
por la cual el gobierno implementa cada una de las políticas que dicta la
doctrina norteamericana en la materia.
Macri y su
gobierno encaran las grandes vías de la agenda conservadora a sabiendas de que
su margen de maniobra no es necesariamente amplio. La distancia en las urnas
fue escasa y el balotaje dejó partidos los consensos. La plaza del 9 de
diciembre dejó al ánimo popular encendido. La suma de golpes busca quebrarnos,
uno por uno. Por todo eso, la acumulación de poder es a velocidad. El avance en
la prohibición de medios y voces disidentes con el caso de Víctor Hugo Morales como
emblemático, el ataque frontal a la ley de medios, la ilegal detención de
Milagro Sala en Jujuy abriendo con ella espacios a la criminalización de la
protesta social, la represión a los municipales en La Plata y a los
trabajadores de Cresta Roja. Las provocaciones contra las Madres, las Abuelas
los organismos y las políticas de Memoria, Verdad y Justicia; la ofensiva
contra Gils Carbó; la apelación a la
“grasa militante” entre otras operaciones jurídico mediáticas, tienen un claro
objetivo político.
Cambiemos
pega donde sabe que duele y acumula golpes porque tiene este tiempo a su favor.
No podrá sostener este ritmo de ofensiva por siempre. Suma calculadas provocaciones discursivas a
sus medidas concretas, para apurar los tiempos de la reacción popular y así
hacerla así menos efectiva. Difunde versiones, avanza y retrocede con facilidad
sobre algunas de sus decisiones para desorientar. Desprestigia a través del dispositivo
jurídico mediático a su favor. Arroja cortinas de humo e instala en la agenda mediática
superficial para disimular su violencia. Apunta al núcleo duro del kirchnerismo
día a día. Nos quiere movilizados pero desorganizados. Nos quiere sin respuesta
políticas contundentes, cediendo la iniciativa, dando inevitables contragolpes
fragmentarios. Cambiemos, lo reconoce públicamente, no va a ahorrar ninguna
respuesta represiva.
Comienza
entonces con mayor claridad, el tiempo de la organización y la conducción. De
la dirigencia y de la militancia. De priorizar correctamente luchas
estratégicas de luchas meramente resistentes, de amalgamar ambas instancias. De
responder con mayor énfasis cuando es posible avanzar, ganarles. De fijar
nuestros límites y no correr tras la agenda que nos imponen. De alentar la
renovación dirigencial política, social y sindical en ese marco. De construir
unidad priorizando siempre y sin excusas la reconstrucción de la potencia
política que devuelva el proyecto a las riendas del Estado. Esos son los
desafíos que de conjunto se nos abren.
Vamos a volver!
GRUPO WALSH (FPV)
Quilmes
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