En dos semanas el gobierno nacional confirma un derrotero
que comenzó con la asunción resuelta vía cautelar concluida con un ridículo y
muy planificado baile y canto en el balcón. Macri es presentado como una especie de príncipe europeo que, en
clave de revista de moda, aporta el “color” a los canales de noticias, aun desde
su torpeza blanca. Es difícil recordar alguna de sus frases, pero abundan las imágenes
“cálidas”. Fue dicho, los elefantes
pasan por detrás: el interés de las grandes corporaciones gestionando directamente
el Estado y las operaciones de alta inteligencia para perseguir al kirchnerismo
hasta donde sea, son las tres patas de un proyecto al que no debemos subestimar
si queremos derrotarlo.
La “revolución de la alegría” se desarrolla desde la pantalla
y dice venir rodeada de diálogo y acuerdos y modernidad sin ideología. Mientras,
las acciones de gobierno que motorizan y deciden los propios interesados y/o
sus gerentes, son mucho menos difundidas.
Buscan aumentar las tasas de ganancia frenando la industrialización, reprimarizando
y profundizando el proceso extranjerizador de la economía.
Avanzan sin miramientos por decreto, con operaciones, con persecución,
con represión, a decretazos, violentamente. Con promesas de impunidad judicial para
propios y amedrentamiento policial para extraños. No es fácil advertir esta
operatoria. Macri gobierna con todos los medios a favor, con el bloque agroexportador
(mesa de enlace) como principal sostén económico, con el partido judicial como espada
política y el deseo imperialista en la región como horizonte.
En esta primera etapa, el principal objetivo del macrismo es
borrar, como dé lugar, todo vestigio de kirchnerismo del imaginario social y
para eso, no escatima en golpes bajos, que van a repetirse. El histórico bloque
dominante busca así articular desde el PJ una opción de recambio ordenado. El PRO, consolidado como partido liberal (con
la estructura de la UCR dentro) y el PJ domesticado y travestido por derecha Urtubey,
De La Sota y Duhalde (entre otros): ese escenario es el que quieren construir
en estos años. Con tales opciones de alternancia, los negocios están asegurados
y es el poder del lobby y no otro elemento, el que determina ganadores y perdedores
en cada etapa. Ese escenario de doble opción
conservadora con un mismo comando no es nuevo. Tampoco es novedad que aparezca
un hecho maldito, en este caso, el propio kirchnerismo, es decir, la tradición
peronista en estos tiempos. De ahí que
la batalla por la conducción del Partido Justicialista sea la madre de las
batallas, y la afiliación masiva un desafío de la hora.
Esa identidad política consolidada, que con la plaza
del 9 se mostró vital y más allá de la
derrota en las urnas, con una conducción estratégica férrea, sostenida y
coherente - la de Cristina Kirchner - es lo que quieren eliminar como
posibilidad. Ese es el objetivo político
de la derecha en el gobierno. Una venganza contra quienes pusieron al Estado
como articulador de los sectores populares y no como herramienta a su servicio.
Mientras el príncipe baila y lo fotografían con su mujer, su hija y su perrito;
Clarín y su expresión política (la Mesa de Enlace) están gestionando
directamente el Estado. El endeudamiento externo como receta y el achique del
mercado interno, que golpeará a las PYMES, reducirá niveles salariales y puestos
de trabajo, es un viejo plan que vuelve a ponerse en práctica como novedad. Es
un esquema disciplinador que busca - tal
cual lo dijo alguna vez el propio Macri - que los trabajadores acepten trabajar
ganando lo mínimo que puedan ganar.
La firme alianza del gobierno nacional con los organismos de
inteligencia (plasmada con funcionarios de primera línea como Patricia Bullrich,
Laura Alonso, Susana Malcorra; el jefe de la policía Bonaerense, Pablo Bressi y
su apelación a la guerra al narcotráfico) combinada con el objetivo político de
barrer al kirchnerismo, esto es, procesar por graves delitos a sus líderes (Cristina
a la cabeza) y referentes, demonizar a sus organizaciones emblemáticas (La Cámpora
y otras), quebrar o desvirtuar sus obras, deslegitimar su discurso, no puede
resultar en otra cosa que no sea una ofensiva en la que las formas no cuentan y
el límite de los daños es difuso.
La embestida contra el AFSCA y la AFSTIC, no sólo apunta a
saciar los pedidos de los medios hegemónicos de comunicación, sino que puede
tornarse en algo peor: quedar a tiro del control de las redes sociales,
cometiendo delitos contra la intimidad de las personas, cuestión que la derecha
ya ha llevado a cabo en otras latitudes, siempre en nombre de la libertad.
El tiempo para llevar a cabo esta estrategia es finito y a eso
se debe el apuro y las desprolijidades. El
kirchnerismo, opción de poder real frente al oficialismo, debe perder potencia política antes de que las
consecuencias sociales de la transferencia de ingresos desde un sector de la
escala a otro - producto de las decisiones económicas del actual gobierno - comiencen a sufrirse.
De lo contrario - y solo si el movimiento nacional y popular
logra articular un discurso renovado que muestre como podría gobernar en la
actualidad sin perjudicar los intereses populares como opción única y sin subordinarse
a los mandatos del mercado internacional, cuestión que además hizo durante doce
años - el retorno al poder del Estado (ese por el que ya se canta en las plazas
que, siguen siendo nuestras) será una posibilidad muy concreta.
El desafío es sostener la unidad del campo popular,
ser opción de gobierno en forma permanente, dando respuestas y propuestas a una
realidad dinámica donde la derecha juega a limitar derechos. Encontrar los
canales de comunicación para que la información no se trastoque
malintencionadamente. Organizar el Partido Justicialista dentro del Frente para
la Victoria. Reimpulsar todas las organizaciones aliadas dando lugar a sus
mejores referentes. Permanecer en la calle en diálogo permanente con los
vecinos, tomando nota de las demandas apuntando a superar la crisis de
representatividad. Estar al frente de las luchas sectoriales a través de los
sindicatos. Militar, persuadir y ampliar la base popular.
Comparto y agregaria:
ResponderEliminarLas frases más escuchadas y difundidas, claro está, en los medios es "las arcas están vacias", "El déficit fiscal es insostenible", "El nivel de Gasto (nunca hablan de inversión social del Estado) del Estado debe reducirse", "Se robaron todo"... ocultan información sobre recaudación fiscal, sobre la transferencia gigantesca de recursos al sector agroexportador y grupos concentrados de la economía que decidieron ellos entre las primeras medidas y si vació al Estado de esa recaudación.
Ocultan y mienten al negar que toda decisión económica es política y que no son cuestiones técnicas, que no hay decisiones "Necesarias" en economía sino decisiones políticas.
Es negar, ningunear, a la Política como instrumento de cambio de la realidad el objetivo que persigue este discurso.
El Kirchnerismo rescató a la Política y ellos quieren destruirla. Por eso no van al debate al Congreso, por eso el modo autoritario, propio de un Gobierno de facto, de gobernar.
La Política es la única respuesta posible a este discurso falaz y engañoso.
Saludos.
Comparto y agregaria:
ResponderEliminarLas frases más escuchadas y difundidas, claro está, en los medios es "las arcas están vacias", "El déficit fiscal es insostenible", "El nivel de Gasto (nunca hablan de inversión social del Estado) del Estado debe reducirse", "Se robaron todo"... ocultan información sobre recaudación fiscal, sobre la transferencia gigantesca de recursos al sector agroexportador y grupos concentrados de la economía que decidieron ellos entre las primeras medidas y si vació al Estado de esa recaudación.
Ocultan y mienten al negar que toda decisión económica es política y que no son cuestiones técnicas, que no hay decisiones "Necesarias" en economía sino decisiones políticas.
Es negar, ningunear, a la Política como instrumento de cambio de la realidad el objetivo que persigue este discurso.
El Kirchnerismo rescató a la Política y ellos quieren destruirla. Por eso no van al debate al Congreso, por eso el modo autoritario, propio de un Gobierno de facto, de gobernar.
La Política es la única respuesta posible a este discurso falaz y engañoso.
Saludos.