viernes, 5 de febrero de 2016
Hoy no renunció nadie en Quilmes
La guerra interna por la caja, está convirtiendo al gobierno de Martiniano Molina en Quilmes en un tembladeral. Día por medio hay renuncias, amenazas, salida de funcionarios, movimientos de gabinete. Cambiemos produce noticias casi exclusivamente desde su área política, pero no hace notar todavía una intencionalidad concreta de gestión.
Por Ezequiel Arauz (Grupo Walsh FPV Quilmes) - Que el joven Pérez se va pero Pérez se queda; que el radicalismo geronecista sale todo, una parte o se queda. Que algunos de ellos, en alpargatas, tienen buena llegada a Molina y su entorno y otros no. Que Schiavo lo soluciona todo o que solo lo empeora; que papá Molina está enojado y agazapado. Que el hermano Molina crece y genera bronca; que el hermano Molina no tiene idea. Que se van funcionarios; que renuncian funcionarios con pasados encontrados con los DDHH.
A la espera de un organigrama municipal aplazado como ningún otro, en los pasillos y en los medios solo se habla de la secretaría de gobierno, de la jefatura de gabinete, de súpersecretarias a medida. En suma, el gobierno del diálogo es por ahora el gobierno de la rosca sin fin. Las disputas por el acceso al presupuesto dominan a Cambiemos. Para llegar se trazaron acuerdos que, de tan amplios, son de imposible cumplimiento. La gestión de Martiniano no termina de afianzarse, no arranca y parece siempre al filo de la cornisa.
Para peor, una de las cualidades personales que lo que lo depositó en Alberdi 500, su buena imagen mediática nacional, hace que cada movimiento se replique en medios lejanos a la ciudad, ampliando el poder de daño de la crisis. Caída ya la apelacion a la "herencia" recibida, truco al que todo gobierno nuevo apela, es momento de mostrar las cartas propias, pero por ahora nadie ve las señas.
La UCR, los ex peronistas, los amigos de Martiniano, los familiares de Martiniano, los PRO “puros”, los aliados innombrables. Cada sector se rasguña con otro adentro de la bolsa, donde algunos gatos ya están viejos. Disputan la caja y el intendente no parece contar con el temple y la experiencia necesaria para conducir a algún puerto esas reyertas.
La presentación del presupuesto y la reforma fiscal tributaria, que el oficialismo hizo pasar por el HCD sobre el cierre del año pasado, más allá de su transfondo tendiente a consolidar desigualdades sociales, tampoco se caracterizaron por la prolijidad en las formas. cuestión sobre las que tanto hincapié se hizo en campaña. Los concejales de la oposición así lo hicieron saber. Los fuertes rumores sobre peleas - no solo verbales – van carcomiendo por goteo un lógico crédito político inicial emanado de las urnas en diciembre pasado.
Más allá de los despidos de municipales – realizados sin dar información precisa al respecto y con claro espíritu persecutorio hacia la oposición - de momento, a casi dos meses de arribar al poder, la gestión de Molina, lejos de aquella eficiente y apacible que la sonrisa y estilo del cocinero prometían, transcurre reacomodando el gabinete cada un puñado de horas, en constante batalla interna por el manejo político de los fondos y los lugares de poder. De momento, las iniciativas concretas, aún aquellas planteadas desde la campaña desde una concepción liberal que no compartimos, tampoco aparecen.
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