La
guerra interna por la caja, está convirtiendo al gobierno de Martiniano
Molina en Quilmes en un tembladeral. Día por medio hay renuncias,
amenazas, salida de funcionarios, movimientos de gabinete. Cambiemos
produce noticias casi exclusivamente desde su área política, pero no
hace notar todavía una intencionalidad concreta de gestión.
Por Ezequiel Arauz (Grupo Walsh FPV Quilmes) - Que
el joven Pérez se va pero Pérez se queda; que el radicalismo geronecista
sale todo, una parte o se queda. Que algunos de ellos, en alpargatas,
tienen buena llegada a Molina y su entorno y otros no. Que Schiavo lo
soluciona todo o que solo lo empeora; que papá Molina está enojado y
agazapado. Que el hermano Molina crece y genera bronca; que el hermano
Molina no tiene idea. Que se van funcionarios; que renuncian
funcionarios con pasados encontrados con los DDHH.
A la espera
de un organigrama municipal aplazado como ningún otro, en los pasillos y
en los medios solo se habla de la secretaría de gobierno, de la
jefatura de gabinete, de súpersecretarias a medida. En suma, el gobierno
del diálogo es por ahora el gobierno de la rosca sin fin. Las disputas
por el acceso al presupuesto dominan a Cambiemos. Para llegar se
trazaron acuerdos que, de tan amplios, son de imposible cumplimiento. La
gestión de Martiniano no termina de afianzarse, no arranca y parece
siempre al filo de la cornisa.
Para peor, una de las cualidades
personales que lo que lo depositó en Alberdi 500, su buena imagen
mediática nacional, hace que cada movimiento se replique en medios
lejanos a la ciudad, ampliando el poder de daño de la crisis. Caída ya
la apelacion a la "herencia" recibida, truco al que todo gobierno nuevo
apela, es momento de mostrar las cartas propias, pero por ahora nadie ve
las señas.
La UCR, los ex peronistas, los amigos de
Martiniano, los familiares de Martiniano, los PRO “puros”, los aliados
innombrables. Cada sector se rasguña con otro adentro de la bolsa, donde
algunos gatos ya están viejos. Disputan la caja y el intendente no
parece contar con el temple y la experiencia necesaria para conducir a
algún puerto esas reyertas.
La presentación del presupuesto y la
reforma fiscal tributaria, que el oficialismo hizo pasar por el HCD
sobre el cierre del año pasado, más allá de su transfondo tendiente a
consolidar desigualdades sociales, tampoco se caracterizaron por la
prolijidad en las formas. cuestión sobre las que tanto hincapié se hizo
en campaña. Los concejales de la oposición así lo hicieron saber. Los
fuertes rumores sobre peleas - no solo verbales – van carcomiendo por
goteo un lógico crédito político inicial emanado de las urnas en
diciembre pasado.
Más allá de los despidos de municipales –
realizados sin dar información precisa al respecto y con claro espíritu
persecutorio hacia la oposición - de momento, a casi dos meses de
arribar al poder, la gestión de Molina, lejos de aquella eficiente y
apacible que la sonrisa y estilo del cocinero prometían, transcurre
reacomodando el gabinete cada un puñado de horas, en constante batalla
interna por el manejo político de los fondos y los lugares de poder. De
momento, las iniciativas concretas, aún aquellas planteadas desde la
campaña desde una concepción liberal que no compartimos, tampoco
aparecen.